Durante una semana, observa cada tarde desde una hora antes del ocaso hasta los últimos destellos. Marca con estacas dónde cae la luz, anota obstáculos, y usa una aplicación de trayectoria solar. Este mapa sencillo guía decisiones clave sin gastos innecesarios ni improvisaciones.
Revisa orientación cardinal, suaves pendientes y elementos cercanos que rebotan luz, como muros claros o ventanales. Un muro encalado puede iluminar un parterre entero; una fachada oscura traga chispa. Alinea caminos y bancos con esos reflejos para extender minutos dorados apreciables.
Haz fotos cada diez minutos y superpónlas para entender el avance de sombras sobre escalones, estanques y macizos. Una tiza en el suelo señala límites durante días. Con esa evidencia, reajusta bordes, corrige riesgos y resalta siluetas que merecen protagonismo al atardecer.
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